
La industria de la construcción es una de las más grandes del mundo, y el cemento y el hormigón son, literalmente, los componentes básicos de su éxito. Evolucionando desde cuevas prehistóricas hasta los rascacielos de hoy, las estructuras de concreto han sido y seguirán siendo componentes vitales de la civilización moderna, brindando un soporte confiable y duradero para edificios, carreteras, puentes, túneles y represas. Tanto es así que el hormigón es el material más consumido en la Tierra, solo superado por el agua, mientras que el acero utilizado para el refuerzo es, con diferencia, el metal más utilizado. Pero esto no está exento de altos costos ambientales: el concreto es responsable del 8% de las emisiones globales de CO2, muchas de las cuales provienen de la extracción y el transporte de materiales agregados como arena, grava y piedra triturada.
Una gran parte de la construcción de ciudades más saludables es hacer que el concreto sea más sostenible, pero eso conlleva muchos desafíos. Detener la producción de concreto simplemente no es posible, y reemplazarlo por completo es más un enfoque a largo plazo que aún parece fuera de alcance. Así que hoy en día, se trata de encontrar formas de disminuir los efectos ambientales del material sin comprometer su alto rendimiento. Pero, ¿dónde mirar? Investigaciones recientes sugieren que se puede encontrar una solución en los desechos industriales reciclados, particularmente un subproducto de la fabricación de acero llamado escoria de acero. A continuación, revelaremos su prometedor potencial en la industria de la arquitectura y la construcción.






