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Arquitectos: Alencar Futuros Possíveis
- Área: 215 m²
- Año: 2024
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Proveedores: Hunter Douglas, Amazing Grill, Coifatec, Galeria Haiko, Sérgio Rodrigues





En las regiones costeras y selváticas de Costa Rica, la alta humedad y la intensa radiación solar dictan una estrategia arquitectónica centrada en la permeabilidad en lugar del encierro. A diferencia de las envolventes herméticas requeridas en climas fríos para retener el calor, la arquitectura costarricense utiliza la envolvente del edificio como un filtro climático para maximizar el intercambio de aire. El mecanismo principal para gestionar estos gradientes térmicos parece ser el alero sobredimensionado. Al extender el plano del techo significativamente más allá de la placa del piso, los arquitectos y arquitectas crean un amortiguador permanente de sombra profunda que reduce la ganancia solar y baja la temperatura ambiental antes de que el aire ingrese a la estructura. Esta estrategia, combinada con paredes permeables o inexistentes, permite un flujo de aire constante. Este es un requisito técnico crítico para el control de humedad y la prevención de la degradación de materiales a través del moho y la putrefacción.








A través de Sudamérica, el confort ambiental se entiende no como una condición interior, sino como una que se moldea a través del espacio. En regiones marcadas por el calor, la humedad, la intensa luz solar y la variación estacional, la arquitectura ha confiado durante mucho tiempo en decisiones espaciales para moderar el clima y apoyar la vida diaria. El confort surge de cómo se abren, sombrean, ventilan y habitan los interiores a lo largo del tiempo.
En lugar de aislar los espacios interiores de su entorno, muchos proyectos contemporáneos en la región cultivan el confort a través de la profundidad, la porosidad y las zonas intermedias. La luz se filtra en lugar de maximizarse, el aire se guía a través de aberturas y vacíos alineados, y los umbrales se convierten en espacios activos de uso en lugar de bordes residuales. Estas estrategias no buscan un control ambiental uniforme, sino que producen interiores que permanecen templados, adaptables y estrechamente sintonizados con las cambiantes condiciones climáticas. En este contexto, el confort ambiental se vuelve inseparable de la experiencia espacial.