Se trata de una vasta zona rural que se extiende por el planeta asumiendo distintas expresiones según el contexto — de los arrozales asiáticos a los asentamientos agrícolas africanos, de las pequeñas propiedades europeas a los latifundios y comunidades agroextractivistas de las Américas. Aún así, ¿habría algo que las une detrás de esta pluralidad? Y, sobre todo, ¿cómo revelaría la arquitectura ese vínculo silencioso?
El municipio de Cunha, ubicado en el estado de São Paulo, Brasil, es una región conocida por su paisaje interior, su terreno montañoso y, especialmente, por una importante producción de cerámica de renombre nacional. Es dentro de este contexto que la oficina messina | rivas ha estado trabajando desde 2017, con un conjunto de proyectos ubicados en una granja. Su trabajo, que integra diseño y construcción de manera indisoluble, resulta en intervenciones que revelan un enfoque sensible hacia las condiciones preexistentes y su entorno.
La relación entre la oficina, liderada por los arquitectos Francisco Rivas y Rodrigo Messina, y el sitio comenzó con una pequeña renovación de una casa de huéspedes para albergar amigos. El proyecto resultó en la transformación de dos habitaciones existentes en suites y la creación de una cocina externa. Desde entonces, las crecientes demandas y la necesidad de adaptar los edificios existentes han impulsado el diseño de otros proyectos distribuidos en el mismo sitio.
En muchas partes del mundo, la lejanía no solo se define por la distancia. Puede describir un asentamiento montañoso alejado de la infraestructura o un barrio urbano y suburbano en los márgenes de la visibilidad y la oportunidad. A través de estos diversos contextos, la biblioteca ha sido una de las tipologías más vitales—un espacio donde la arquitectura encarna los modos de accesibilidad, inclusividad y cuidado comunitario.
El campo — históricamente subestimado — ha emergido como un territorio fértil de posibilidades. Más que un "espacio marginado", el rural latinoamericano se afirma hoy como un verdadero laboratorio de experimentación arquitectónica, social y ecológica. Desde comunidades agroecológicas hasta tecnologías de bajo impacto, de las relaciones entre humanos, máquinas y otros seres vivos a las soluciones locales para desafíos globales como la crisis climática, la seguridad alimentaria y la migración — el campo está rediseñando, con autonomía e inventiva, su propio futuro.
En 1982, en una conferencia sobre construcción de tierra en Tucson, Arizona, una presentación inusual desafió todo lo que los arquitectos/as pensaban saber sobre los recursos rurales. En lugar de centrarse en técnicas de construcción, el presentador, el arquitecto Pliny Fisk III, desplegó una serie de mapas dibujados a mano que revelaron algo extraordinario: Texas rural no era escaso en recursos, como sugiere la sabiduría convencional, sino rico en materiales más allá de la imaginación. Los mapas mostraban ceniza volcánica perfecta para concreto ligero, depósitos de caliche que se extendían a través de vastos territorios y bosques de mezquite que podrían suministrar tanto pisos de madera dura como aislamiento. La revelación redefinió las nociones predominantes de valor en la arquitectura.
Ante una crisis climática planetaria interconectada, la pérdida de biodiversidad y el agotamiento de recursos, el diseño regenerativo surge como un camino hacia la construcción de futuros rurales resilientes y ecológicamente sintonizados. En la intersección de arquitectura, agricultura y ecosistemas locales, están surgiendo nuevos modelos de prácticas agrícolas resilientes y autosuficientes. Estos proyectos no son grandes sistemas industriales, sino intervenciones arquitectónicas de pequeña escala, precisas y profundamente contextuales que crean espacios que fomentan el cultivo sostenible mientras respetan los ritmos ambientales, materiales locales y el conocimiento comunitario.
A medida que la incertidumbre climática y los cambios en los ecosistemas redefinen las prioridades del diseño, la arquitectura asume un papel cada vez más activo en estos debates, en lugar de limitarse a observar. Desde esta perspectiva, la idea de hacer un "re" fomenta un paso atrás consciente para repensar, reconectar y realinear la relación entre los edificios y su entorno. Este enfoque, fundamental para la arquitectura regenerativa, se extiende más allá de tecnologías o escalas específicas, abarcando desde planes maestros que buscan renaturalizar las ciudades hasta pabellones nacionales que combinan arte y ciencia.
¿Cuál es el camino a seguir? Por un lado, muchos debates actuales hacen hincapié en la tecnología; por otro, hay enfoques que, más que oponerse, se complementan entre sí y amplían el abanico de posibilidades, basándose en la tradición, los conocimientos ancestrales y un profundo conocimiento del entorno. Entre estas perspectivas, la obra de Rudolf Steiner y el movimiento antroposófico, desarrollado a principios del siglo XX, ofrece una visión e ideas que conectan la arquitectura con los ritmos ecológicos, los materiales y la vida comunitaria.
El medio rural siempre ha ejercido un papel fundamental en el desarrollo social y económico de los países. Hasta el siglo XVIII, era el principal espacio de producción y organización de la vida. Con la Revolución Industrial, sin embargo, ocurrieron profundas transformaciones estructurales que redefinieron esta dinámica. La industria pasó a ocupar una posición central, vinculándose al medio urbano y dando origen a una visión dicotómica y jerarquizada entre rural y urbano, agricultura e industria. En este contexto, dos visiones opuestas ganaron destaque: una preveía la desaparición de lo rural ante la urbanización y el avance económico; la otra apostaba por su permanencia y renacimiento. Hoy sabemos claramente cuál de las hipótesis se ha vuelto verdadera.
Ubicado en una granja en el sur de India, el Museo del Arroz ocupa el piso superior de la casa de Syed Ghani, enclavada en el verde paisaje agrícola de Mandya — una región moldeada por estructuras de ladrillo, una extensa vegetación y conocimientos agrícolas ancestrales. Syed Ghani, un agricultor, historiador y museólogo, se ha dedicado a preservar las variedades indígenas de arroz a través de la conservación de semillas, su proliferación e iniciativas educativas. Con el apoyo de los agricultores locales, ha ayudado a recuperar más de 1,000 variedades nativas de arroz, protegiendo una parte esencial del patrimonio agrícola de India.
La arquitectura de los centros culturales y comunitarios en áreas rurales alrededor del mundo se ha reinventado como un campo fértil de experimentación, donde la tradición y la innovación se entrelazan. Lejos de repetir modelos urbanos estandarizados, estas construcciones adoptan enfoques contemporáneos que dialogan con el territorio, integrando formas audaces, tecnologías sostenibles y prácticas colaborativas de diseño. Muchas veces concebidas junto a las comunidades locales, combinan materiales regionales y simbolismos culturales, creando espacios que no solo albergan actividades, sino que también expresan identidad y pertenencia. Al reinterpretar saberes vernáculos con lenguaje contemporáneo, estas arquitecturas acogen e inspiran nuevas posibilidades de vida en el campo.
En la búsqueda de fomentar el sentido de pertenencia de sus habitantes, valorar sus culturas ancestrales y preservar su identidad, el territorio latinoamericano reconoce una arquitectura con amplios matices y características regionales. El uso de técnicas constructivas y materiales locales o el diálogo entre lo modular y lo vérnaculo, entre otras cuestiones, reconocen la intención de promover la participación de comunidades nativas, estudiantes y sus familias, pueblos originarios y constructores locales durante el proceso de construcción y diseño de una gran variedad de escuelas rurales a lo largo de la extensión de América Latina.
Reconocido por completar 36 proyectos públicos distintos pero cohesivos en todo México en tan solo 36 meses, Colectivo C733 muestra el impacto del diseño colaborativo en los espacios públicos y las comunidades. Los 36 proyectos formaron parte de un esfuerzo nacional para revitalizar zonas urbanas y rurales vulnerables en México, por lo que recibieron el Premio Obel 2024 enfocado en el tema "Arquitecturas Con". El equipo detrás de los diseños, Colectivo C733, es un grupo colaborativo formado por las oficinas conjuntas de los arquitectos Gabriela Carrillo (Taller Gabriela Carrillo), Carlos Facio y José Amozurrutia (TO), junto con Eric Valdez (Labg) e Israel Espin. En una conversación reciente con la editora en jefe de ArchDaily, Christele Harrouk, el colectivo discutió su enfoque de la arquitectura pública, el proceso de integración de diversas voces y cómo permanecer flexible ante los desafíos de las condiciones locales.
En los últimos años, India ha visto un resurgimiento del interés en los materiales de construcción naturales, un movimiento impulsado por las crecientes preocupaciones ambientales junto a un progresivo deseo por revivir los estilos de vida tradicionales. Desde las concurridas calles de Mumbai hasta las tranquilas aldeas de Kerala, arquitectos, constructores y comunidades se están uniendo para experimentar con el potencial de la tierra, el bambú, la cal y otros materiales orgánicos para dar forma a estructuras contextualmente relevantes que también encarnan los ideales contemporáneos de la India. El cambio hacia el uso de materiales naturales y otros recursos vernáculos refleja un movimiento hacia la sostenibilidad y una conexión más profunda con la naturaleza.
India recientemente superó a su vecino subcontinental, China, para convertirse en el país más poblado del mundo con una demografía de más de 1.4286 mil millones de personas. Según datos de las Naciones Unidas, también se estima una tasa de crecimiento de la población anual del 0.7%, el entorno construido del país está listo para interactuar con un nuevo discurso demográfico y presentar su propia perspectiva sobre cómo construir para miles de millones. Está listo para enfrentar nuevos desafíos de infraestructura, transporte y vivienda adecuada, lo que superficialmente obligará a las ciudades a expandirse constantemente como respuesta a estas necesidades dinámicas. Sin embargo, una mirada crítica a la distribución de la población dentro del país revela que la mayoría de los indios todavía viven en áreas rurales ya que atiende al 65% de la población a pesar del aumento de la migración rural-urbana. Esto sugiere un empujón en una dirección diferente. Una en la que el diseño y desarrollo de las áreas rurales tomen precedencia sobre las ciudades. Una que explore la arquitectura en áreas rurales, su relación con las ciudades y su futuro como marco principal para albergar a la población en crecimiento.
Yasmeen Lari, reconocida como la primera arquitecta en Pakistán, ha tenido un impacto significativo tanto en su país de origen como a nivel internacional debido a su enfoque innovador y socialmente consciente de la arquitectura. A través de una mirada sistemática, el trabajo de Lari tiene en cuenta la cultura local, las oportunidades específicas del sitio y los desafíos. Nacida en Pakistán en 1941, Yasmeen Lari se mudó a Londres con su familia a los 15 años. Después de graduarse de la Escuela de Arquitectura de Oxford Brooks, regresó a Pakistán a los 23 años para establecer Lari Associates con su esposo, Suhail Zaheer Lari. La pareja se estableció en Karachi. Aquí, comenzó a estudiar las antiguas ciudades de Pakistán y la arquitectura vernácula de edificios de tierra, lo que despertó su interés en el patrimonio arquitectónico y las técnicas tradicionales de su país. En 1980, cofundó la Fundación del Patrimonio de Pakistán con su esposo, convirtiéndose en un elemento fundamental en la preservación del rico patrimonio cultural de su país.
Algunos dirían que es el aire fresco, la paz y la tranquilidad, y algunos la cercanía constante a la naturaleza; sin embargo, todos estamos de acuerdo en que hay algo único en el campo. Al entrar en una casa de campo, todas estas cualidades se pueden reflejar a través del lente del diseño de interiores contemporáneo, creando un ambiente acogedor, luminoso y tranquilo. Conocidas por su ubicación en entornos rurales o agrícolas y diseñadas para vivir en la granja, las casas de campo tradicionales de 1700, inicialmente fueron influenciadas por sus condiciones geográficas, mejorando la relación con el medio ambiente. Si bien conserva los enfoques tradicionales, como planos de planta simples, techos a dos aguas y grandes porches, la estética de las casas de campo ha sufrido transformaciones para adaptarse a las formas de vida contemporáneas. Reutilizando la arquitectura rural tradicional como referencia directa, analizamos cómo los proyectos actuales siguen sus singulares estrategias de diseño: materiales nobles, espacios conectados con el entorno y espacios sencillos y funcionales con detalles únicos.
Fotografía del después de la construcción de una vivienda campesina en Suesca (Cundinamarca), en 1941. Nótese que los arquitectos que dirigieron la obra, quienes posan al frente de la nueva casa, eran Jorge Gaitán Cortés y Jaime Nieto Cano, quienes, al igual que Vargas Rubiano, consolidaron carreras muy importantes como arquitectos modernos desde finales de los años cuarenta. Fuente: El Mes Financiero y Económico, n.º 47 (abril de 1941), 20. . Image Cortesía de Revista Dearq
Este artículo de Susana Romero Sánchez fue publicado originalmente con el título "La historia olvidada de la arquitectura en Colombia: la vivienda rural y la modernización durante la República Liberal" en el número 29° de la revista Dearq el 01 de enero de 2021 (DOI: https://doi.org/10.18389/dearq29.2021.04).
El artículo analiza la “campaña por el mejoramiento de la vivienda campesina”, puesta en marcha por el Instituto de Crédito Territorial durante la República Liberal (1930-1946). En contraste con las narrativas tradicionales sobre la arquitectura moderna en Colombia, que ignoran los experimentos en arquitectura rural o los consideran parte de una prehistoria, aquí se muestra que la vivienda campesina influyó en el posterior desarrollo de la vivienda social moderna. El artículo argumenta que la campaña de vivienda rural era un elemento central de una noción de lo moderno en Colombia, que se basaba en el próspero mediano propietario campesino.