
El lugar donde los artistas crean sus obras desvela diversas narrativas sobre su progreso creativo, sobre la elección de sus técnicas y sus temáticas. Son lugares que guardan la memoria, la intimidad y los afectos de los creadores. Para algunos, el aislamiento y la distancia de cualquier distracción posible son las marcas de su taller. Para otros, su espacio necesita evasión y libertad. No raramente el taller se transforma en casa o la casa se transforma en taller, mezclando los usos, deseos y necesidades. Situados en un umbral entre el vivir y el crear, el ocio y el oficio, estos espacios fascinan al público amante de las artes, siendo muchas veces reconstruidos dentro de galerías de arte o transformándose en museos a lo largo del tiempo. Un lugar singular, independiente del alcance de las obras, que muestra la peculiar interacción entre el proceso creativo, las obras de arte y la imagen del artista.
A través del desorden aparente retratado en las fotos de los interiores domésticos de Picasso, Ábalos discurre sobre la "casa fenomenológica" afirmando que lo que da sentido al hogar son las relaciones esencialmente afectivas con los objetos, rodeando al habitante de colecciones sentimentales como un inventario notorio de su memoria. Las casas-talleres reciben esta misión, reforzar los vínculos entre artistas y sus obras, generando ambientes que traen el confort y la protección necesarios para aflorar la creatividad. En este sentido, no es inusual que los propios artistas participen del proyecto, como coautores, trayendo ideas espaciales que extrapolan sus objetos artísticos y ganan representatividad también en la arquitectura.

















