
Al proyectar espacios para mirar, la arquitectura entra en diálogo con el territorio en la búsqueda de entender el paisaje y el disfrute de la realidad ya sea natural o construida. Tras una invitación a contemplar el entorno que nos rodea, varios profesionales de la arquitectura en Latinoamérica se embarcan en el desafío de construir estructuras que interactúen con la naturaleza, reinterpreten ciertas tipologías edilicias o formen parte del aprendizaje y la enseñanza en arquitectura de las futuras generaciones. La amplia variedad de paisajes y culturas disponibles dentro del entorno latinoamericano da cuenta de las infinitas oportunidades donde la arquitectura se vislumbra con potencial para fomentar el diálogo entre el observador y el objeto observado, y aprovechar la conexión entre flora, fauna y demás especies locales que la región propone.
Si bien una de las acepciones de la RAE define al mirador como "un lugar bien situado para contemplar un paisaje o un acontecimiento", las características arquitectónicas de estos espacios varían acorde a su ubicación geográfica, factores climáticos, materiales locales y tecnologías constructivas, entre otros. La arquitectura de miradores involucra diversas tipologías desde plataformas elevadas o paradas en caminos que ofrecen puntos de contemplación sobre bordes desnivelados en montañas, riberas u orillas hasta disposiciones en puntos particulares, delimitaciones en marcos específicos o proyectados en ménsulas sobre acantilados. Mirando al mar, a un bosque infinito, un lago o una ciudad, los puestos de información y tablas de orientación con señalética, los mobiliarios y graderíos para descansar y mirar, las luminarias o los prismáticos, entre otros equipamientos, conforman la experiencia de observar desde otra perspectiva aquella realidad en que estamos inmersos.











