
Un Río de Janeiro radiante, bañado por el sol y mecido por la brisa del mar. La playa está llena de vida—los niños corren por la arena, las familias se divierten, risas resuenan en el viento. Así es como "Aún Estoy Aquí", película brasileña nominada a tres premios Oscar, abre su narrativa: con una ciudad maravillosa que exhala alegría y libertad, un escenario que parece salido de una postal de los años 70. Pero, a medida que la historia avanza, este paisaje luminoso se disuelve en sombras, manchado por el miedo y la incertidumbre impuestos por la dictadura militar que gobernó Brasil durante más de dos décadas.
Entre 1964 y 1985, Brasil vivió un período dictatorial que dejó marcas irremediables en la historia de sus ciudadanos y ciudadanas. En esa época, la censura y la represión se convirtieron en parte de la vida cotidiana de los brasileños. Aunque con un impacto distinto en cada uno, se vieron comprometidas las condiciones políticas, sociales, personales y profesionales. Grandes nombres de la arquitectura sufrieron consecuencias, Niemeyer fue interrogado y apartado de proyectos importantes como el Aeropuerto de Brasilia, Vilanova Artigas fue arrestado y sufrió una jubilación forzada que lo alejó de su función en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de São Paulo. Miles desaparecieron y otros miles fueron torturados por el Estado, números que hasta hoy son imprecisos.










