En un momento de emergencia ecológica, la arquitectura no puede separarse de los sistemas extractivos de los cuales depende. A medida que la tecnósfera se expande, vinculando flujos de materiales, consumo de energía e infraestructuras digitales, el diseño se entrelaza cada vez más en estos procesos. ¿Cómo puede la práctica del diseño intervenir en sistemas antropocéntricos y transformar el proceso y la estética arquitectónica a través de una investigación de la inteligencia material? Más en general, ¿cómo se involucra la arquitectura con la agencia y la inteligencia de entidades no humanas para reequilibrar la carga ambiental?
¿Qué es la arquitectura? Para algunos, su función tradicional es reunir imaginación, conocimiento técnico y capacidad de resolución, permitiendo a los arquitectos proyectar y construir mientras equilibran las ideas con los medios para llevarlas a cabo. Desde la piedra y la madera de las primeras construcciones hasta el acero y el hormigón del siglo XX, cada época exigió no solo comprender la forma, sino también las propiedades y el potencial de los materiales empleados. Este dominio de los materiales siempre ha sido una parte esencial del proceso creativo, aunque su alcance estuvo limitado por los saberes y las tecnologías disponibles.
Con el tiempo, ese equilibrio ha comenzado a cambiar. Los arquitectos han pasado de limitarse a utilizar materiales a diseñarlos activamente, aplicando principios científicos y experimentando con procesos biológicos, químicos y computacionales. Esta evolución ha ampliado las posibilidades de la arquitectura, entrelazando naturaleza, tecnología y arte, mientras impulsa el rol del arquitecto hacia una dimensión más experimental y guiada por la ciencia, en la que la manipulación y creación de materiales se convierten en el núcleo del acto creativo y no solo en un medio para alcanzar formas o estructuras.
Durante décadas, nuestra sociedad ha adoptado predominantemente un enfoque extractivista al formular modelos para la fabricación de materiales en diversas industrias. Si bien ahora sabemos que este modelo es insostenible, queda una pregunta importante: ¿cómo lo hacemos? Puede que todavía estemos lejos de ofrecer una respuesta definitiva a este desafío, pero aún así, es emocionante observar que, en un contexto marcado por un horizonte global y ecológico desafiante, la comunidad arquitectónica mantiene un enfoque positivo al presionar por una reevaluación de lo que hacemos y cómo lo hacemos.
Este impulso puede estar ganando relevancia debido al surgimiento de generaciones más conscientes en relación al medio ambiente, como la Generación Z y Alpha. Lo cierto es que estamos asistiendo al desarrollo de nuevas filosofías de producción, como la de materiales de origen vegetal, que adoptan prácticas encaminadas a favorecer el uso de recursos derivados de las plantas, reducir la dependencia de procesos extractivos y promover alternativas conscientes y sostenibles en diversos aspectos de la fabricación y producción de materiales en la arquitectura.
https://www.archdaily.cl/cl/1014475/cosechando-la-arquitectura-una-mirada-a-tres-materiales-de-origen-vegetalEnrique Tovar
Prototipo y diseños del Pabellón Agrivoltaico en 'Arquitectura Sostenible y Estética'. Transformando BIPV con filtros y paneles personalizados impresos en 3D para recolección solar específica del sitio. Cortesía del Laboratorio de Diseño Sabin de la Facultad de Arquitectura, Arte y Planificación de Cornell, y del Laboratorio DEfECT de la Universidad Estatal de Arizona. Imagen Cortesía de Jenny E. Sabin
¿Por qué investigar e innovar en arquitectura? En una conversación con la diseñadora arquitectónica Jenny E. Sabin, profundizamos en el vínculo crítico entre la investigación y la práctica de arquitectura. Buscando el desarrollo de un nuevo modelo, su equipo incorpora un enfoque interdisciplinario que introduce conexiones entre estas áreas, fomentando la colaboración tanto con científicos como ingenieros.
Observando el comportamiento de la naturaleza, el método propuesto integra descubrimientos biológicos y matemáticos en el proceso de diseño. Después de someterse a un proceso de prueba sistemático, estas ideas se aplican en la fase de diseño generativo del proyecto para crear soluciones materiales adaptativas y receptivas. Analizando sus estrategias de investigación y diseño, mostramos cómo traduce la investigación en la práctica arquitectónica.
Willow Technologies es una práctica de investigación de materiales y tecnología de construcción que ha sido seleccionada como parte de las Mejores Nuevas Prácticas de ArchDaily 2023. Fundada por la diseñadora y científica arquitectónica ghanesa-filipina Mae-Ling Lokko, opera en el campo de la investigación, desarrollo y difusión de materiales de construcción de base biológica. Trabajar con residuos agrícolas y materiales de base biológica usualmente plantea preguntas técnicas sobre escalabilidad, producción industrial, estandarización, resistencia al fuego y resistencia mecánica. Willow Technologies se sitúa en la exploración de estos datos, pero peculiarmente a través de la lente de las regiones en desarrollo de África Occidental. A través de trabajos exhaustivos con coco, moringa, arroz y otros cultivos autóctonos, la práctica de Lokko ha logrado investigar y catalogar las características de diferentes cultivos, sus posibles productos derivados, técnicas de transformación local, y perspectivas y desafíos de adaptabilidad como materiales de construcción.
Como parte del consorcio Circlewood, David Gianotten y Michel den Otter de OMA han desarrollado un sistema modular para construir escuelas que pueden adaptarse y transformarse a lo largo de su ciclo de vida. El sistema fue seleccionado por la ciudad de Amsterdam para construir múltiples escuelas en los próximos diez años como parte del programa de Edificios Escolares de Asociación de Innovación. La iniciativa a nivel de la ciudad tiene como objetivo construir de nueve a treinta escuelas "de alta calidad, flexibles y sostenibles" como una forma de contribuir a la meta de la ciudad de convertirse en completamente circular para 2050.
El cambio climático ha sido uno de los temas más apremiantes este año, y por una buena razón. Sus efectos son visibles no solo en los hábitats naturales, sino también en los entornos urbanos. La industria de la construcción juega un papel importante en esta dinámica. A lo largo del año, eventos como la COP27 destacaron la importancia de los esfuerzos para lograr cero emisiones netas y los desafíos que enfrentan los países en desarrollo afectados por desastres naturales cada vez más devastadores. Las posibles direcciones para el desarrollo incluyen acciones en varias etapas y escalas, desde la optimización de espacios verdes para la gestión del calor urbano, hasta el uso de materiales de construcción locales e innovadores para minimizar la huella de carbono, o la aprobación de leyes que ayuden a crear entornos urbanos y naturales más sostenibles.
Este artículo representa un resumen de los artículos publicados en ArchDaily durante el año 2022 con temas relacionados con el cambio climático y el potencial de la arquitectura para marcar la diferencia. Divide el tema en cuatro preguntas principales: ¿Qué están haciendo las ciudades para mitigar el calor urbano? ¿Cómo lidiar con el aumento del nivel del mar? ¿Qué fue la COP27 y por qué es importante? ¿Pueden los materiales de construcción ayudar a lograr estos objetivos? La última sección presenta un panorama de la nueva legislación aprobada a lo largo de 2022, como una forma de entender cómo los gobiernos estatales y municipales están imponiendo esta necesidad de cambio.
La agricultura y la industria alimentaria parecen tener poco en común con la arquitectura, pero es precisamente la superposición de estas tres áreas lo que interesa al científico y arquitecto ghanés-filipino Mae-ling Lokko, fundadora de Willow Technologies, con sede en Accra, Ghana. Trabajando con el reciclaje de residuos agrícolas y materiales de biopolímeros, Lokko busca formas de transformar los llamados residuos agrícolas en materiales de construcción.
Como dijo una vez la investigadora, diseñadora y profesora del MIT Caitlin Mueller: "El mayor valor que se le puede dar a un material es otorgarle una función de soporte de carga en una estructura". Los componentes de carga –cimientos, vigas, columnas, muros, etc.– están diseñados para resistir fuerzas y movimientos permanentes o variables. Similares a los huesos de un cuerpo humano, estos soportan, protegen y mantienen todo unido. Para cumplir con esa indispensable función, deben estar fabricados con materiales de excelentes propiedades mecánicas, lo que explica el protagonismo del cemento y el acero en las estructuras. Sin embargo, su alto rendimiento tiene un alto costo: juntos, representan el 15% de las emisiones globales de CO2. Esto nos hace preguntarnos, ¿es posible que los materiales estructurales sean realmente sostenibles? Sabemos que ya existen soluciones como versiones más ecológicas del hormigón, pero hay muchas otras alternativas para explorar. Y a veces, la respuesta está más cerca de lo que esperamos; en la tierra debajo de nosotros y la naturaleza que nos rodea.
De manera periódica, hemos sido testigos de cómo las costas de las costas en Quintana Roo han sufrido fuertes plagas de sargazo lo cual representa un problema importante para los habitantes locales quienes año con año se han dedicado a limpiar las playas exhaustivamente durante la temporada de abril-agosto. Diversos medios han comentado que la causa del sargazo es aún desconocida sin embargo, algunas teorías lo relacionan al cambio climático y a los cambios del Océano Atlántico. Actualmente, la Organización No Gubernamental, Red de Monitoreo del Sargazo de Quintana Roo, realiza un monitoreo de la presencia del sargazo en Quintana Roo y, de acuerdo con su más reciente semáforo, hay 22 puntos con excesiva presencia de esta macro alga, el mismo número considerada como abundante.
La naturaleza ha sido continuamente considerada una musa inspiradora para los arquitectos. Colores y formas del mundo natural están incrustados en construcciones artificiales. Los edificios también están formados por patrones de viento y sol, topografía y vegetación. Mientras que la arquitectura se alimenta de los efectos de la naturaleza, los edificios se han propuesto como objetos inertes que permanecen estáticos en un mundo en evolución biológica. Las "junglas" antropocéntricas de hormigón están desprovistas de vida, separando a los humanos de los entornos naturales y provocando desequilibrios que se han manifestado en forma de pandemias. Pero, ¿cómo serían las ciudades si no hubiera fronteras entre humanos y ecosistemas?
Mirando hacia el futuro de nuestro entorno construido, elegir solo un enfoque simplemente no funcionará. Problemas como el aumento del nivel del mar, las temperaturas y la escasez de agua en las comunidades urbanas necesitan soluciones localizadas que tengan en cuenta los problemas de sostenibilidad, cultura y salud pública. Habiendo investigado la infraestructura vernácula en comunidades nativas para su libro Lo-TEK. Design by Radical Indigenism, la diseñadora Julia Watson se especializa en tecnologías locales basadas en la naturaleza que son inherentemente adaptables y resistentes. Hablamos con ella sobre el futuro de nuestras ciudades, los materiales de construcción y su último proyecto para Our Time on Earth – una exposición y turismo de cinco años que acaba de inaugurarse en el Barbican Centre de Londres para investigar cómo las ideas colaborativas y radicales en la forma en que vivimos puede llevarnos a un lugar mucho mejor para el año 2040.
En la Dutch Design Week, una casa creada íntegramente con materiales de origen biológico pretende ilustrar que el diseño circular no sólo es factible, sino que es un método de construcción escalable en el futuro. A través del uso de 100 tipos de materiales sostenibles, The Exploded View Beyond Building trae a colación una investigación sustancial sobre componentes de alta calidad aptos para el desmontaje y el diseño modular y conforma un ejemplo concreto de las posibilidades de crear un entorno habitable circular.