
A partir del siglo XIX, con su revolución industrial y el surgimiento de los nuevos tiempos de la máquina, el crecimiento de la población y las demandas del espacio urbano fueron cada vez más apremiantes. En Europa, surgen las primeras reflexiones sobre la ciudad moderna y, más que eso, se inicia el proceso de estructuración disciplinar del urbanismo como teoría y práctica inherente al nuevo momento histórico que se consolidaba. Dentro de esta lógica disciplinaria que se configuró a partir de una demanda social, o muchas veces, una demanda política, el siglo XX fue el escenario de todo el desarrollo de esta sociedad industrial que tenía como uno de sus ejes principales a la ciudad.
Brasilia: la experiencia del pensamiento urbano y, más aún, del planeamiento urbano propuesto en ese momento en Europa, involucra una serie de iniciativas que generan un gran debate en relación a la práctica de hacer ciudad. Esta discusión tendría a veces un gran carácter político asociado, a veces un carácter más formal, y desde luego una perspectiva más operativa y burocrática. En ese sentido, cuando en la década de 1950 el entonces presidente de la república de Brasil, Juscelino Kubitschek, asumió como meta de su gobierno trasladar la capital del país al centro-oeste y, sobre todo, construir esta nueva ciudad, todo este debate propositivo emerge con fuerza en Brasil.


















