
La búsqueda de proyectar espacios al aire libre dentro de las viviendas en las densas ciudades se ha vuelto para algunos una necesidad y para otros un requerimiento más a cumplir. En fin, se trata de uno de los encargos más solicitados que, día a día, reciben arquitectos y arquitectas alrededor del mundo. Más allá de que este fenómeno se haya acentuado durante la pandemia de Covid-19, desde sus orígenes, estos espacios de expansión han sido concebidos no sólo para aumentar el aprovechamiento de iluminación y ventilación natural sino también para fomentar la relación interior-exterior dando la posibilidad de albergar diversos usos y funciones aun cuando escasean los metros cuadrados o cuando la conexión con la naturaleza se vislumbra a lo lejos del horizonte.
Al recorrer la ciudad de Buenos Aires, se hace evidente observar en una innumerable cantidad de edificios la disposición de balcones lineales de alrededor de un metro de profundidad sobre sus fachadas. Empleando diferentes materialidades en sus solados, cielorrasos y barandas, estos espacios componen el lenguaje de una ciudad donde lo viejo convive con lo nuevo, donde un estilo arquitectónico se superpone con otro y donde cada edificación refleja un contexto histórico o reglamentación determinada.





























