
Los espacios verdes urbanos se consideran una de las formas más adecuadas y accesibles de mitigar los efectos del aumento de las temperaturas en los entornos urbanos. A medida que el clima global se calienta, las ciudades de todo el mundo se enfrentan a olas de calor más frecuentes y extremas, poniendo en riesgo a sus ciudadanos. Muchas ciudades están empleando estrategias para reducir el impacto de las islas de calor urbanas, que se generan cuando la cubierta natural del suelo se sustituye por superficies que absorben y retienen el calor, como las aceras y los edificios. Esto hace que la temperatura aumente varios grados en comparación con el entorno. Las ciudades tienen su microclima, influenciado por este fenómeno combinado con una serie de factores que a menudo se pasan por alto. Para que una estrategia climática sea eficaz, hay que tener en cuenta todos los factores.
Los niveles de riesgo de calor también están fuertemente correlacionados con la estructura social de la ciudad. Los barrios con sectores menos acomodados e históricamente marginados tienen menos acceso a los espacios verdes, lo que les expone a un mayor riesgo. A través de las normas de planificación y la zonificación del suelo, se puede disminuir el impacto en los ciudadanos desfavorecidos, mejorando su salud, bienestar y nivel de vida. Científicos como Winifred Curran y Trina Hamilton señalan que la mejora de la vegetación puede suponer un aumento del valor de las propiedades y puede provocar el desplazamiento de los residentes de larga duración. Sugieren una estrategia denominada "just green enough", creando intervenciones estratégicas para apoyar a las comunidades locales.












