
Es emocionante imaginar cómo desde la Edad de Piedra -un período que comenzó aproximadamente alrededor del 10.000 a.C.- y gracias al largo proceso evolutivo de la humanidad, las herramientas que utilizamos han evolucionado desde simples piedras hasta sistemas robóticos complejos. Estos avances representan una revolución en los métodos de producción, tanto a nivel industrial actual como a nivel local.
Tecnologías como la inteligencia artificial (IA) y los sistemas de fabricación digital se han percibido como amenazas que reemplazarán a la mano de obra. En América Latina, la fabricación manual está profundamente arraigada, especializada y es rentable en algunos sectores, lo que hace que la sustitución digital sea menos urgente. En contraste, los biomateriales derivados de hongos o residuos agrícolas proporcionan alternativas de construcción respetuosas con el medio ambiente, fomentando la sostenibilidad y las economías circulares. Esto estimula discusiones significativas sobre el potencial de la fabricación digital, que requiere una comprensión de los recursos y desafíos locales. Por lo tanto, se sientan las bases para los biomateriales que preservan la identidad al mismo tiempo que ofrecen soluciones a las problemáticas locales.











