
Se sabe que Barragán no era alguien a quien le interesara teorizar sobre su obra. Más bien prefería que otros fueran los que trataran de interpretar su quehacer arquitectónico. Sin embargo, de los pocos textos que llegó a realizar con el fin de exponer sus ideas profesionales, hay uno que resulta muy interesante.
En 1932, luego de regresar de un segundo viaje por Europa y una breve estancia en Nueva York, se encuentra que el Gobierno de Guadalajara está realizando un concurso para un espacio público. Se trata del Parque de la Revolución, para conmemorar este evento nacional. Él, junto con su hermano mayor, el también ingeniero Juan José Barragán, participan y ganan.






