
Este artículo se publicó inicialmente en el blog del estudio multi-disciplinar Arquitectura en Movimiento Workshop bajo el título "Algunos clientes, algunas formas".
En la relación entre arquitecto y cliente, existen un par de frases muy comunes que no funcionan como aparentan al principio. Espejismos, que aunque de primer contacto parecen ofrecer disposición y empatía, terminan siendo un tema, una barrera o hasta una carga.
La primera es “yo soy un arquitecto frustrado”, que seguramente cualquier arquitecto ha escuchado miles de veces; mientras que la segunda reza con una autoridad que invoca respeto: “se exactamente lo que quiero”. Es curioso decirlo porque ambas suelen estar acompañadas de seguridad y convicción (algunas también con fotos de Pinterest), así como de un reconocimiento tácito al trabajo creativo que hacemos. Pero ese “reconocimiento” suele diluirse a la vez que gana terreno algo difícil de lidiar: el ego.
