
El siguiente es el ensayo desarrollado por María de la Paz Faúndez como encargo final del curso "Historiografía de la Arquitectura Moderna" del Programa de Magíster en Arquitectura/MARQ de la Pontificia Universidad Católica de Chile, a cargo de los profesores Gonzalo Carrasco Purull y Oscar Aceves Alvarez durante el primer semestre del 2016.
Con la frase “el monumento está hecho de hierro, acero, vidrio y revolución”[1] el crítico literario Viktor Shklovsky[2] concluye su crítica al Monumento de la Tercera Internacional en el diario Knight’s Move en septiembre de 1921[3]. El proyecto, diseñado por Vladimir Yevgraphovich Tatlin, artista asociado al constructivismo ruso, fue comisionado por el Departamento de Bellas Artes del Comisariado Popular de Cultura en 1919 para crear un gran Monumento a la Revolución, como parte del Plan para la Propaganda Monumental de Moscú[4]. Sin embargo, el desplazamiento del artista desde esta ciudad a Petrogrado[5] por motivos académicos hacen cambiar el emplazamiento del Monumento y también lo celebrado por este, que pasa a conmemorar la fundación de la Tercera Internacional Comunista en 1919[6], otorgándole así el nombre por el que es conocido.
El Monumento consistía en una torre de acero rojo que ascendía, en una doble espiral, cuatrocientos metros hacia el cielo –como una representación concreta de la dialéctica hegeliana-, y que en su interior contenía tres cuerpos de vidrio que rotaban a distintas velocidades. El cubo, más cercano al suelo, contenía una sala para albergar las charlas, conferencias y reuniones legislativas del Comisariado del Pueblo (Sovnarkom) y rotaba a velocidad de una revolución por año. En el medio, una pirámide que servía para albergar las funciones administrativas de la Tercera Internacional, completaba el giro en un mes y por último un cilindro, en el extremo superior, era el lugar de la radio y sala de prensa destinadas a divulgar el mensaje de la Revolución, el que giraba a una velocidad de una revolución por día. El proyecto estaba destinado a ser la construcción más grande de Petrogrado –y de la Unión Soviética-, dejando atrás a la Torre Eiffel como la construcción más alta del mundo y marcando así su poderío económico y tecnológico.



