En El Raval barcelonés, un barrio tan fascinante como salvaje, se halla la Filmoteca de Catalunya de Mateo Arquitectura. Una imponente presencia que se alza y tensa el espacio circundante como un gigante encerrado en una maleta, que choca con el tejido urbano y social. Y que sin embargo, también desafía al tiempo, haciéndonos creer que siempre ha pertenecido al barrio, que siempre estuvo ahí.
En el interior sucede todo lo contrario. Donde antes había tensión ahora hay cobijo. El edificio lleva de la mano al habitante, ya sea de camino hacia los departamentos propios de la Filmoteca, o en la bajada que desemboca en la oscuridad natural de las salas de proyección.
