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Arquitectos: midori arquitectura
- Año: 2025
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Fotografías:Javier de Paz Garcia

Descripción enviada por el equipo del proyecto. Situada en madrileño barrio de Malasaña, la pequeña vivienda de apenas 30m2 disponía de todos los intangibles y posibilidades para ser un hogar fantástico: estando en el último piso de una finca centenaria, el espacio gozaba de luz natural a través de un patio interior razonablemente amplio. En la fachada exterior a la calle, solo disponía de un par de pequeñas aperturas pegadas al techo situadas por encima de la cubierta inclinada del edificio. Un espacio abuhardillado se extendía bajo esta cubierta, pero era muy bajo, con un acceso incómodo y con tan solo un pequeño lucernario.


El proyecto reconoce todo este potencial e intenta lo de manifiesto. La principal intervención consiste en crear un espacio de salón lo más generoso y limpio posible. Se elimina el estrecho corredor que da acceso a la cocina para conseguir un salón con una geometría mucho más regular, y este gana una nueva ventana al patio interior. La cocina se abre al salón, y queda integrada como un mueble. Se derriba el falso techo y se deja al descubierto la imponente estructura de vigas de madera de la cubierta dotando todo el espacio de mucha amplitud y compensando las reducidas dimensiones del salón.


Alrededor de este espacio central, y como si de anexos o satélites se tratara, se distribuyen el resto de estancias. El baño ocupa todo el espacio antes compartido con la cocina. La habitación se abre al salón manteniendo intimidad mediante paneles plegables, y se eleva para conseguir un amplio espacio de almacenaje bajo la cama. Finalmente, el que antes era un espacio desaprovechado e incómodo, se convierte en el mejor rincón de la vivienda: la buhardilla se abre totalmente al salón, siendo una ampliación de este, y gracias al ensanchamiento del lucernario, inunda todo el piso de luz natural, sintiéndose casi como una terraza. También se abre al salón el espacio bajo cubierta que anteriormente servía como armario y al que se accedía a través de la buhardilla, y se transforma en un nicho para estudiar o trabajar.

El salón, acabado en tonos blancos i neutros, cede el protagonismo a las vigas que lo coronan. Las habitaciones adyacentes se esconden tras cerramientos móviles: una puerta corredera da intimidad al baño, así como un cerramiento en acordeón cierra la habitación y una cortina esconde el espacio de la buhardilla y el nicho de estudio. Al abrir estos elementos, el blanco imperante desaparece y se inunda el espacio de colores vibrantes procedentes del baño con un mosaico de azul brillante, del espacio de almacenaje de la habitación en un amarillo luminoso y de la buhardilla, en verde vivo que nos transporta a un espacio de calma relacionado con exterior y que brinda vistas al cielo de Madrid.



