
La dimensión espacial del género es un tema recurrente en el campo arquitectónico. El caso del baño es discutido de forma amplia dentro de las agendas LGBTQIA+ como específicamente en las intersecciones de la teoría queer en la arquitectura.
El filósofo Paul Preciado, en 'Basura y Género', señala los inodoros y urinarios como dispositivos demarcadores de género: la condición de sentarse en el inodoro o vigilar/ser vigilado en el urinario, garantiza la perpetuación de la estanqueidad de los binarismos de género masculino y femenino. Las mujeres orinan sentadas en cabinas privadas, los hombres orinan de pie en dispositivos colectivos. En esa lógica, los hombres que orinan sentados en cabinas privadas son "menos hombres". Otro ejemplo interesante para pensar en la generificación de los espacios, son las alcobas, tradicionales en las edificaciones coloniales, que funcionaban como dispositivos de segregación y vigilancia de las hijas vírgenes. Esos pequeños cuartos sin ventilación eran normalmente situados en áreas centrales - adyacentes al corredor, cocina o sala - para posibilitar el control dado por los miembros de la familia.




