
Descripción enviada por el equipo del proyecto. Cuando diseñamos el parque, buscábamos dos cosas: Por un parte, queríamos usar la propia dificultad del terreno, el hecho de estar en un terreno en pendiente, para resolver un dilema clásico de los juegos infantiles: ¿hacerlos seguros o hacerlos entretenidos? La ladera inclinada nos permitió acumular la altura necesaria para hacerlos entretenidos sin que ello significase una amenaza a la seguridad. Un resbalín de 6 metros de largo (entretenido) en un terreno plano, significaría un niño a unos 4 metros de altura (riesgoso); en este caso, la pendiente del terreno nos permitió que un niño se pueda subir a un resbalín muy largo y siempre estar a 30 centímetros del suelo.





















