En el afán de impulsar una construcción más sostenible y donde el uso de materiales naturales contribuya en la transmisión de tradiciones y culturas locales, cada vez más proyectos de arquitectura exploran diferentes recursos y técnicas buscando hacer frente a las preocupaciones ambientales, económicas o sociales. Conocer los beneficios y cualidades de los materiales tal como su color o textura influye en la experiencia final de quienes habitan, recorren o visitan los espacios, por lo que entender sus propiedades técnicas, constructivas, estéticas y funcionales debiera formar parte del proceso de diseño desde los inicios de su concepción.
Al momento de indagar en la envolvente de la construcción y cómo se relaciona el interior con el exterior, la figura de los invernaderos aparece como una oportunidad para generar vida en un interior a partir de factores externos o no. Conocido como aquel espacio recubierto por vidrio o cualquier otro material plástico transparente, el invernadero permite cultivar hortalizas y plantas ornamentales durante épocas con condiciones climáticas externas que no permitirían realizarlo fuera. Pero, ¿qué involucra diseñar para las plantas? El clima, las especies, el diseño de estructura y el tipo de cubierta son sólo algunas de las consideraciones a tener en cuenta.