
¿Qué es la buena arquitectura? Hace más de dos mil años, Vitruvio hubiera respondido que la buena arquitectura es aquella que contempla tres principios básicos: firmitas (firmeza), utilitas (utilidad) y venustas (belleza), tal como describió en su tratado De Architectura, y probablemente, nadie lo hubiera cuestionado. Hoy en día, esta amplia pregunta es capaz de despertar centenares de respuestas, todas personales y subjetivas, que tienen que ver con la vivencia y experiencia de cada persona.
Una mirada sobre la buena arquitectura es la de aquella que busca despertar emociones en el usuario, que busca crear experiencias únicas e inolvidables, relacionadas con la tipología y el contexto de la obra. Una arquitectura que se vuelve poesía, que genera sensaciones que no pueden ser descritas o traducidas en palabras: espacios inefables.
Precisamente estos conceptos son los que Le Corbusier persiguió con el diseño y construcción de la Capilla Notre Dame du Haut, en Ronchamp, Francia. Con este proyecto, Le Corbusier se alejó de los planteamientos maquinistas e incluso racionalistas de su primera época, para ensayar una nueva experiencia formal. Pasó de fomentar un carácter universal de sus proyectos, con principios estandarizados, a entregarse a una respuesta plenamente individual que lo llevaría a crear una obra de carácter atemporal y enigmática.
















