
El domingo terminó la IX Semana de la Arquitectura en Madrid, donde una vez más se confirmó el interés de los ciudadanos por su ciudad y su arquitectura. A pesar del enfoque demasiado técnico de muchas de las conferencias y seminarios que supuso la pérdida de la participación ciudadana, tan importante estos días, el éxito de los itinerarios fue absoluto. Los cupos de las visitas guiadas que necesitaban inscripción previa se agotaban días antes de la fecha. Como cada año, la Torre BBVA, del renombrado arquitecto español Francisco Javier Sáenz de Oiza, fue una de las estrellas de la semana.
Esta edición se vio marcada por la complicada situación económica y social que atraviesa el país y que afecta directamente a la arquitectura. Nos encontramos en un momento de recesión en el que construir parece un sueño que solo unos pocos se pueden permitir. Es por ello que el debate actual se centra en la búsqueda de nuevos modelos y caminos con los que la disciplina pueda continuar evolucionando. Recuperar la ciudad de las malas prácticas desarrolladas en años anteriores de crecimiento incontrolado pasa por reinventar la labor de los arquitectos que, sin poder construir nuevas obras, tienen que redefinir la ciudad, y además su profesión, a partir de lo ya construido. Estos temas eran tratados en muestras como “Urban replay: estrategias de reformulación espacial y social de la ciudad postindustrial” o la conferencia “Madrid a debate”.
