
En los últimos años, la comida ha adquirido un nuevo papel dentro de la arquitectura, no simplemente como un programa o tipología, sino como una práctica espacial compartida. Más allá de los restaurantes o el diseño de comedores, los espacios de alimentación comunitaria se entienden cada vez más como entornos donde la presencia, el ritual y el tiempo se intersectan, permitiendo a las personas reunirse, quedarse y coexistir. En estos entornos, comer no solo ocurre dentro del espacio; lo moldea activamente, transformando temporalmente ambientes ordinarios, prestados o improvisados en lugares de intercambio.
Este cambio es visible en una amplia gama de proyectos construidos, instalaciones y espacios comunitarios que utilizan comidas compartidas como una manera de reunir a las personas. Iniciativas como Fondo Supper Club enmarcan la cena como una plataforma social, utilizando la comida para conectar a artistas, diseñadores y comunidades locales a través de la conversación y la colaboración. De manera similar, sit.feast, presentada durante Milan Design Week 2024, abordó la mesa como una instalación espacial, donde sentarse y comer juntos se convirtió en el medio principal para producir colectivamente el espacio.























