En muchas culturas, el fuego es un elemento sagrado utilizado en rituales de renacimiento y renovación. Lleva un doble simbolismo: es a la vez creador y destructor, capaz de iluminar caminos o consumir todo a su paso. En la mitología griega, por ejemplo, Prometeo robó el fuego a los dioses y se lo dio a la humanidad, marcándolo como símbolo de progreso, conocimiento y poder creativo. Sin embargo, el fuego también evoca destrucción, como se ve en relatos bíblicos como el de Sodoma y Gomorra, donde se utilizaba como castigo divino. Esta dualidad también fue evidente en el incendio de 2019 en la catedral de Notre-Dame, que devastó su estructura histórica. El desastre desató una ola de solidaridad y condujo a avances tecnológicos sin precedentes, con esfuerzos de restauración que utilizaron herramientas digitales como el escaneo láser y el modelado de información de construcción (BIM) para recrear detalles intrincados y preservar el patrimonio arquitectónico.
Desde el campo de la arquitectura y la construcción, el concepto de la reutilización de materiales se vincula con la economía circular y la reducción de la huella de carbono frente a un camino que busca consolidar un futuro más sostenible y responsable. Al incorporar prácticas de reciclaje, recuperación, restauración y/o reutilización de materiales de demolición, el aprovechamiento de recursos junto a la reducción del consumo de energía vuelve factible la experimentación con técnicas, aplicaciones y nuevas materialidades que traigan consigo la veneración de la memoria de los espacios y al mismo tiempo aporten una nueva vida tanto en interiores como exteriores.