
Profundizar sobre los juegos de luces y sombras en la arquitectura parecería ser un tema recurrente en la agenda de muchos profesionales de la disciplina. Espacios de luminosidad y oscuridad se conciben con el fin de potenciar desde recorridos y direccionalidades en los espacios hasta destacar colores, texturas y formas de ciertos elementos arquitectónicos. Ahora bien, el impacto de la luz natural sobre las fachadas de los edificios revela la necesidad de desarrollar medidas que colaboren al ahorro energético, mejoren el confort térmico y visual de los espacios interiores, y también promuevan la reducción de las emisiones de carbono. Considerando a la luz como un material más en la arquitectura, ¿de qué manera su potencia podría contribuir en la experiencia arquitectónica?
