La Lima Chica en Santiago: fronteras públicas del espacio en la ciudad

Originalmente titulado Fronteras públicas del espacio en la ciudad: El caso de la “Lima chica” en el centro de Santiago de Chile, el arquitecto chileno Nicolás Verdejo repasa los profundos procesos de transformación del tejido urbano y social de la capital chilena, a raíz del inédito aumento del flujo migratorio -con todos los conflictos que esto acarrea-.

En esta colaboración, el autor se enfoca en la conformación, según su criterio, "del gueto cultural de la comunidad peruana a los pies de la Catedral de Santiago, uno de los enclaves más prominentes del centro de la ciudad, a partir de la pregunta: ¿cuáles son las trayectorias simbólicas, políticas y comerciales que sitúan esta ocupación al alero de la Catedral de Santiago, enclave fundacional de la ciudad?"

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Celebración de Fiestas Patrias peruanas en Santiago de Chile (2013). Image © Municipalidad de Santiago [Flickr CC]

El último censo realizado en Chile el año 2012 [1] registra un considerable aumento de la población migrante en el país, observando una cifra de 339.536 personas procedentes de diversos países. De esta cifra, tan solo en la ciudad de Santiago se registraron una cantidad de 228.366, lo que, en estricto rigor, equivale al 67,26% del total nacional. Esto sin duda resulta relevante, si se considera que, según el censo de 2002, la presencia extranjera en Chile no pasaba de las 185.000 personas en todo el territorio.

Dentro de este incipiente y acelerado flujo migratorio en Chile, sin duda son los nacidos en el Perú los que comprenden la mayor presencia de extranjeros en el país con un 30,53%, consistente en 130.624 personas. A la par de este flujo migratorio, la población peruana se ha constituido como agente importante en la re-significación del programa del centro de la ciudad, haciendo visibles sus características de comunidad asociativa, originando cambios en la morfología e identidad de manera inédita (Arias; Moreno; Núñez, 2010: 2)

En este escenario, la población peruana incide de manera importante desde nuevos o ya consolidados focos comerciales a baja escala como centros de llamados, centros de envío de dinero y encomiendas, como también desde la oferta gastronómica desplegada por gran cantidad de restoranes, todos factores que han ido re-componiendo la geografía urbana del centro de la capital. A su vez, estos mismos factores sostienen el carácter transnacional de la comunidad local con el Perú al centrar sus actividades en las comunicaciones y en la importación de especies y productos específicos del país andino (Stefoni, 2004: 329).

Uno de los principales problemas en el proceso de integración y sincretismo de la comunidad peruana en Santiago, está vinculado a la percepción que de ella se origina en gran parte de la población chilena, muchas veces decantada en preocupantes manifestaciones de prejuicios, racismo y xenofobia producto de equivocadas lecturas sobre las transformaciones que involucran el proceso migratorio (Stefoni, 2004: 334).

En particular, lo que abordará el presente ensayo es el caso de la ocupación del espacio público de la calle Catedral, zona más conocida como la “Lima chica” y que, si bien representa uno de los puntos más importantes de la “consolidación” de la comunidad peruana en la ciudad, aún es escenario de mecanismos de exclusión que intervienen agudizando y exponiendo las diferencias entre ciudadanías forma y políticamente validadas y aquellas que son marginadas y vividas informalmente por los inmigrantes (Luque, 200: 125).

Será preciso también caer en la cuenta de las motivaciones y trayectorias que llevaron a la comunidad peruana a desarrollar su tejido social a un lado de la emblemática Catedral de la Plaza de Armas, hito neurálgico de la ciudad de Santiago, donde el espacio público pasa a ser un campo de fricciones donde las tensiones culturales, así como los medios de resistencia ante el aislamiento político, dan paso a la conformación de nuevas y virtuales fronteras socio-espaciales.

Procesos de sustitución cultural del espacio en la “Lima chica”

Vista de la Plaza de Armas de Santiago. Al fondo se aprecia la Catedral de Santiago. Image © Entropy1963 [Wikipedia user]

Para una comprensión en torno a las tensiones multiculturales de las que es escenario el espacio público, resulta capital observar la figura o el cuerpo de quien(es) hoy es el agente que hoy pone en funcionamiento su programa ¿Cuál es el cuerpo que determina el espacio público? ¿A quién están orientados los tipos de espacios públicos de la ciudad? ¿De qué manera la población migrante se hace parte de los que se consideran, históricamente, los lugares para celebrar la ciudadanía? Probablemente algunas de estas respuestas no logren ser resueltas en el presente ensayo, sin embargo es prudente plantear los conflictos de origen que sostienen el caso de la ocupación de la “Lima chica” a pasos de la Plaza de Armas de la ciudad de Santiago.

La avanzada condición del sistema político y económico neo-liberal en Chile propone generar líneas alternativas de reflexión en torno a los espacios públicos de la ciudad. Lugares tales como plazas, paseos y corredores, suponen hoy una re-configuración programática de los espacios públicos por excelencia ante el surgimiento de tipologías de grandes edificaciones para el consumo como malls y supermercados, así como también de arquitecturas de orden genérico orientadas a la oferta de productos transnacionales propias de sociedades asiduas a las metáforas de McDonalización (Ritzer, 1996) y aldea global.

De esta manera, las fricciones y tensiones de Santiago pueden interpelarse a partir de dos lecturas: el de imaginario de “ciudad de clase mundial”, con sus velocidades múltiples, de distancias y desigualdades diversas, y con el del imaginario de la ciudad-barrio o aldea con tiempos lentos y de prácticas solidarias que se contrapone a la ciudad global. En esta última lectura, los inmigrantes buscan recrear e importar, mediante la memoria y la práctica, cada uno de los detalles del habitar de su aldea de origen (Márquez, 2013: 323). Por su parte, los chilenos paulatinamente han emprendido la “huida” de los espacios de encuentro tradicionales, estigmatizados por no ser garantes de seguridad ni de grandes comodidades, hacia grandes edificaciones oferentes de comercio y de sofisticadas condiciones de “confortabilidad”, basadas en la regulación del acceso, clima y limpieza, entre otros. Esta figura es vivamente materializada por los malls, verdaderos portadores de una estructura ideal de ciudad que, a su vez, carecen de relaciones y reales zonas de intercambio con la ciudad-soporte.

Esta “huida” u omisión de los espacios públicos, emprendida por la sociedad en el modelo de ciudad neo-liberal, llegaría sin mucha resistencia al centro de la capital, requiriendo de espacios velocidad y circulación que posibilitasen, en el menor tiempo posible, los desplazamientos entre un punto y otro. Testimonio de ello es el proyecto de la remodelación de la Plaza de Armas realizada entre los años 1998-2000, a partir del diseño del arquitecto Rodrigo Pérez de Arce y su equipo, quienes propusieron suprimir la distinción de altura entre calles y la cuadrícula interior de la plaza, elevada en zócalo en 15 centímetros; visto de otro modo, ”fundir” o diluir los bordes entre espacios de circulación y desplazamiento, con los de detención y “permanencia”, problematizando la ya versada noción tradicional a propósito de los espacios de encuentro y celebración del ser ciudadano, a partir de la superposición de capas programáticas relativas a flujos, tiempos y trayectos.

La ciudad de Santiago según P. Álvarez, inmigrante peruano. Image Cortesía de Francisca Márquez, Fondecyt n° 1095083, 2012.

La genealogía del desplazamiento de la comunidad peruana –y tantas otras- hacia las zonas céntricas de Santiago, tiene su punto de partida en los asentamientos migrantes que históricamente se instalaron en el sector de La Chimba en el s. XX, cruzando el Río Mapocho. Lo cierto es que los procesos de asentamiento en La Chimba se han mantenido constantes hasta el día de hoy, en gran parte gracias a los bajos valores de terrenos y viviendas y, por sobre todo, a la cercanía entre diversas comunidades inmigrantes y a los principales servicios de la ciudad (Márquez, 2014: 58).

La llegada de la comunidad peruana a finales de los años 90 a los alrededores de la Catedral y la Plaza de Armas, estaría determinada por la descomposición del comercio local o nativo, básicamente consistente empresas del ámbito textil, lo que eventualmente significó una oportunidad para consolidar un nuevo polo comercial y específico de productos y servicios asociados a la cultura migrante trans-local. Los casos más emblemáticos de esta impronta de sustitución cultural y comercial en el sector lo componen el “caracol Bandera” y los locales comerciales de la vereda norte de la calle Catedral. A pesar del evidente rasgo religioso y simbólico que pudo significar la ocupación del espacio a un costado de la Catedral de Santiago, así como por las alianzas de instituciones religiosas[2] que atendieron las necesidades migrantes a mediados de los 90, las motivaciones de la comunidad peruana, tal como ya fue descrito, fueron impulsadas en mayor parte por oportunidades comerciales en una inmejorable ubicación en la ciudad.

Sin embargo, las campañas comunicacionales procedentes desde medios de prensa e información de gran alcance en el país, poco contribuyeron a la comprensión del proceso migratorio en la ciudad (Fernández, 2005: 11)[3]; muy por el contrario, incitaron a la discriminación y exclusión por parte de la ciudadanía chilena hacia –en mayor medida- los migrantes provenientes del país andino.

Fronteras interiores: el gueto del vecindario cultural

El gueto judío de la Venecia cristiana del siglo XVI. Image © Jacopo Barbieri

La visibilidad de la comunidad peruana en el centro de la ciudad de Santiago no debe ser solamente analizada a partir de índices cuantitativos que respaldan su fuerte concentración en el área señalada, sino que además desde la importancia que se le asigna al componente étnico y racial de la población a la hora de determinar la figura del “Otro” (Stefoni, 2004: 322); por lo general, y tal como ya ha sido expuesto, la población peruana tiene rasgos más indígenas que la población de Santiago centro, lo que genera un elemento de visibilidad aún más radical, concitando mayor interés y atención que otras comunidades migratorias en la ciudad.

Este rasgo de identidad corporal, muchas veces objeto de discriminación, puede ser interpelado análogamente por el relato de la Venecia cristiana del s.XVI elaborado por Sennett, donde la comunidad judía fue aislada de la ciudad, aunque no expulsada, por el hecho de ser cuerpos ajenos a la imagen del cristiano de la época; considerados así como cuerpos “impuros pero necesarios[4]” (Sennet, 1997: 246). Sennett observa que el modelo del gueto veneciano ha logrado replicarse a través de diversas prácticas discursivas a lo largo de la historia, donde muchos de los intentos modernos –“de hacer revivir los espacios del gueto han buscado, a la manera de los judíos del Renacimiento, transformar las vidas segregadas en una entidad colectiva honorable”- (Sennet, 1997: 392).

En el caso del gueto de la “Lima chica” y la calle Catedral, el circuito de la comunidad peruana, no solo comprende sus lugares de reunión y de congregación por parentesco en la esquina de la catedral, sino además integra todo un sistema de dispositivos translocales establecidos por los cibercafés, centros de llamados y recepción de productos importados, permitiendo un flujo comunicacional sostenido y constante con familiares y parientes que residen en Perú. De la misma forma, fiestas importantes de la comunidad como las fiestas patrias peruanas, o bien la celebración del día del “Señor de los Milagros” contemplan a la Catedral de la Plaza de Armas como un colorido escenario de cantos y bailes, o bien como estación cabezal de sus procesiones hacia otros puntos de la ciudad. De esta manera, el gueto de la “Lima chica” pasa a ser la íntegra construcción del cuerpo del Yo peruano y de la noción de una cultura cívica que sólo es posible entre personas semejantes.

Conclusiones: de la frontera a nuevos bordes públicos

Inmigrantes apostados a un costado del zócalo de la Catedral de Santiago en calle Catedral. Image © Nicolás Verdejo

La idea de concebir el espacio público como un escenario político de maniobras de ordenamiento y administración de la población, en donde se harán efectivos los discursos dominantes y serán observadas sus prácticas, cobra particular sentido sobre el proceso migratorio, en este caso el de la comunidad peruana residente en el centro de la ciudad de Santiago. Resulta capital considerar que la vigente ley de extranjería, elaborada en 1975 bajo Decreto Ley 1094 en plena dictadura, consistió en la aplicación de una “Política de Seguridad Nacional” que buscó militarizar las fronteras y endurecer el acceso al país.

El presente ensayo propuso generar un ámbito reflexivo en torno a las trayectorias y procesos de sustitución socio-espacial en el sector identificado como la “Lima chica”, en donde la Catedral de Santiago se levanta como un enclave de doble condición: histórico, en tanto monumento fundacional de la ciudad; dialéctico, en tanto nuevo punto de partida que contemple los espacios de intercambio e integración de nuevos ciudadanos. La importancia de la Catedral para el proceso migratorio es producto del sincretismo de las oportunidades que dispuso la retirada del circuito comercial local en su perímetro, de la misma forma que su presencia se constituyó como escenario de coloridas fiestas y celebraciones religiosas de la comunidad peruana hasta el día de hoy.

Por otra parte, es posible observar que dentro del gueto cultural de la “Lima chica” también se hacen efectivos ciertos medios de exclusión en lo referente a género dentro del espacio público. Con notoria evidencia, los hombres de la comunidad peruana se apropian del costado de la Catedral, exponiendo con holgura sus cuerpos, sus hábitos y relaciones de parentesco; sin embargo, las mujeres de la comunidad tan solo ocupan el espacio público de manera funcional en sus trayectos hacia los centros de llamados o envíos de dinero para luego marcharse raudamente, pues en ellas provoca cierta desconfianza ver gente sentada (Stefoni, 2013: 224) y mirando a quienes transitan por calle Catedral.

Finalmente, cabe considerar que los procesos migratorios son impulsados por el estado avanzado de la globalización, resultando ser parte importante del desarrollo de grandes ciudades del mundo y no es, como podría pensarse, un fenómeno ocasional o esporádico. El desafío de la ciudad de Santiago estará en poder sostenerse como una ciudad multicultural que propone medios de integración a partir de sincretismos socio-culturales, pero también en poder disolver la figura de minorías y mayorías hegemónicas. Para ello, será necesario un nuevo espacio que transforme el modelo del gueto veneciano en un lugar con bordes de intercambio trans-cultural, un espacio cívico donde sea posible estimular la simpatía entre todos quienes hemos sido “Otros”.

Nicolás Verdejo es arquitecto de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, con estudios de pregrado en la ETSAB de la Universidad Politécnica de Cataluña. Actualmente cursa el magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Entre 2012 y 2013 fue director del Colectivo META. Desde 2013 es miembro directivo de AriztíaLAB, donde ha desarrollado, junto a otros profesionales y organizaciones locales, proyectos de investigación referidos a la presencia migrante en el centro de Santiago, así como a ejercicios de transparencia en torno a la transformación del Elefante Blanco de Pedro Aguirre Cerda.

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[1] Cabe señalar que en el mes de Junio del presente año, la Contraloría de la República de Chile declaró como ilegal el Censo 2012, por lo que los datos acá manifestados son utilizados de manera referencial y estimativa.

[2] Según Luque –“[…] En 1994 se creó la primera asociación de refugiados peruanos: Los Amigos de la Vida, bajo los auspicios del INCAMI y la Parroquia Italiana de Santiago de Chile. Sin embargo, cuando las autoridades parroquiales perciben su perfil político, apartan de dicha organización a los miembros fundadores (refugiados políticos) y la rebautizan con el nombre de Comunidad Peruana Santa Rosa de Lima, dejándola solamente vinculada con las expresiones católicas de los inmigrantes peruanos” (Luque, 2007: 132)- Cabe destacar que el hogar-refugio dispuesto por la INCAMI para los migrantes, administrado por la Orden Scalabrina, se ubicaba por entonces –y hasta hoy- en la comuna de Macul, aproximadamente a 9 kms. del centro de la ciudad de Santiago.

[3] El estudio realizado por Fernández observó 83 artículos informativos, de opinión y reportajes relativos al fenómeno migratorio, publicados en los diarios El Mercurio y La Tercera entre los años 2000 y 2003, de los cuales el 97% abordó de manera negativa el proceso migratorio de comunidades bolivianas y peruanas a Chile.

[4] La comunidad judía era ampliamente reconocida por sus habilidades comerciales, lo que les significó pagar altas sumas de impuestos, además de financiar en gran parte las maniobras militares de la época. En palabras de un “importante ciudadano” veneciano –los judíos son aún más necesarios que los banqueros para una ciudad, y especialmente para ésta- (Sennet, 1997: 245)

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Bibliografía

Appadurai, Arjun (2001). La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Ediciones Trilice y Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 

Arias, Gonzalo; Moreno, Rodrigo; Núñez, Dafne (2010). Inmigración latinoamericana en Chile: analizando perfiles y patrones de localización de la comunidad peruana en el área metropolitana de Santiago (AMS). Revista Tiempo y Espacio n°25, Universidad del Bío-Bío. Chile.

Fernández, Rodrigo (2005). Prensa y educación en la formación de imágenes nacionales, percepciones y actitudes: el caso de las migraciones procedentes del Perú y Bolivia en el Mercurio y la Tercera de Chile. Ponencia presentada en el IV encuentro Chileno-Boliviano de Historiadores, Instituto de Estudios Avanzados, Universidad de Santiago de Chile.

Luque, José (2007). Asociaciones políticas de inmigrantes peruanos y la “Lima Chica” en Santiago de Chile. En revista Migraciones Internacionales, vol. 4 n°2, pp. 121-150. El Colegio de la Frontera Norte, A.C. Tijuana, México.

Márquez, Francisca (2013). De territorios, fronteras e inmigrantes. Representaciones translocales en la Chimba, Santiago de Chile. En Chungara, revista de Antropología chilena, Universidad de Tarapacá. Arica, Chile.

(2014). Inmigrantes en territorios de frontera. La ciudad de los otros. Santiago de Chile. En Revista Eure vol. 40 n°120, pp. 49-72. Santiago.

Ritzer, George (1996). La McDonalización de la sociedad. Un análisis de la racionalización de la vida cotidiana. Editorial Ariel. Barcelona.

Sennett, Richard (1997). Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Alianza Editorial. Madrid.

Stefoni, Carolina (2004). Inmigración y ciudadanía: la formación de comunidades peruanas en Santiago y la emergencia de nuevos ciudadanos. En revista Política n° 43, pp. 319-336. Universidad de Chile. Santiago.

(2013). Los cibercafé como lugares de prácticas transnacionales: El caso de la maternidad a distancia. En revista Polis n° 35, pp. 211-227, Ed. CISPO, Universidad de los Lagos. Santiago.

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Sobre este autor/a
Cita: Nicolás Verdejo. "La Lima Chica en Santiago: fronteras públicas del espacio en la ciudad" 31 may 2015. ArchDaily en Español. Accedido el . <https://www.archdaily.cl/cl/773006/la-lima-chica-en-santiago-fronteras-publicas-del-espacio-en-la-ciudad> ISSN 0719-8914

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